Reseña de ‘Time to Die’, nuevo álbum de Christine Ott

El sueño es casi un ensayo de la muerte. Cada vez que cerramos los ojos y nos sumergimos en el hechizo onírico, las imágenes aprehendidas durante el día se convierten en una burda impresión de sí mismas. Quienes han atravesado experiencias cercanas a la muerte aluden a una similitud entre los primeros minutos del sueño y el proceso de abandonar el cuerpo. Y el arte, con sus miles de espectros, ha intentado darle una forma clara a este estado de conciencia. Christine Ott, en su nuevo álbum Time to Die (Gizeh Records, 2021), recupera esta inmortal inquietud.

La compositora francesa Christine Ott destaca entre las mujeres que han reinventado las normas de la música culta. No solamente experimenta con sus fórmulas, sino que da protagonismo a instrumentos menos habituales como los sintetizadores o las Ondas Martenot. Estas últimas son un instrumento electrónico cuyo sonido es una mezcla entre el violín y la voz humana, popularizado en la época actual gracias a grupos como Radiohead —con el que Ott también ha trabajado—.

Tras innumerables colaboraciones para cine y música de cámara, Christine Ott dio el paso hacia su proyecto solista. Time to Die, quinto álbum bajo su propio nombre, se mantiene como su trabajo más oscuro y ambicioso hasta la fecha.

Inspirada por el cine de ciencia ficción más pesimista, Christine Ott plasmó su imagen de la muerte en ocho composiciones que descienden desde un acento celestial hasta la sonoridad más abrasiva. En “Time to Die”, corte inicial del álbum, las ondas graves se entrecruzan con ominosas percusiones y cuerdas distorsionadas, coronadas por el reconocido monólogo final de la cinta Blade Runner (1982). La pieza casi pasaría por un guiño a Coil, Psychic TV, u otros exponentes de la música industrial.

Piezas como “Brumes”, “Miroirs” y “Horizons Fauves” devuelven el protagonismo al piano; aunque los cambios abruptos de velocidad y las disonancias de las notas cuelan en ellas un elemento siniestro. Sin embargo, los acordes angelicales de “Landscape”, “Chasing Harp” y “Comma Opening” esfuman la parálisis y nos rescatan de la pesadilla.

Time to Die es una réplica sonora del estado hipnagógico, aquel donde estamos a medio paso entre el sueño y la vigilia, y la belleza se confunde con el horror. Acaso los últimos minutos de una vida se sienten así: angelicales y siniestros. Para Christine Ott, la muerte en vida no es más un lugar de fantasía. Es una realidad que nos alcanzó hace tiempo.

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